Pages
Sinaloa buscará ser sede de Tianguis Turístico
La secretaria de Turismo estatal, Oralia Rice, aplaude la decisión del gobierno federal de volver itinerante este evento La secretaria de Turismo estatal, Oralia Rice Rodríguez, aplaudió la decisión del gobierno federal de hacer itinerante el Tianguis Turístico Internacional, pues a la entidad le interesa ser sede del evento.
El Mar del Diablo!!
3.28.2011
Un lugar más temible que “El triángulo de las bermudas”. Hace ya mil años que los japoneses tienen conciencia de esta peligrosa zona. La han llamado Ma-no Umi: el Mar del Diablo. Durante años los marineros han atribuido las repetidas pérdidas de pesqueros a demonios marinos, agitados dragones que suben a la superficie del océano para apoderarse de los barcos y arrastrarlos con sus tripulantes a sus guaridas submarinas.
Las nuevas borracheras: sírvame otra copa, por favor... en el ojo
Ingerir alcohol a través de cualquier orificio del cuerpo que no sea la boca se está volviendo una práctica popular entre los jóvenes.
BUENOS AIRES/LONDRES, Con el objetivo de conseguir el máximo grado de embriaguez, los jóvenes están recurriendo a una nueva forma de tomar alcohol que se caracteriza por ingerirlo a través de cualquier orificio del cuerpo que no sea la boca. Los ojos, la nariz y hasta el ano o la vagina son los medios perfectos para practicar las ingestas no orales, popularmente conocidas como 'vodka eyeballing' informa el diario argentino Perfil. “La idea de ‘eyeballing’ la tiré para probar, me daba intriga ver el efecto y los chicos se prendieron al toque”, dijo Mariano, un joven de 17 años. Esta forma de consumo ocasiona que el licor atraviese las mucosas y llegue directamente al torrente sanguíneo. Especialistas consultados por el diario advirtieron que, además de causar lesiones locales, el consumo no oral de bebidas embriagantes produce altos niveles de intoxicación. 'Reventones' para siempre Melissa Fontain, una mujer británica de 22 años, solía divertirse en las fiestas consumiendo alcohol a través de los ojos, una práctica que le ocasionó daños irreversibles. La joven padece de humedad ocular permanente y dolores constantes, que se agravarán con los años por venir. "Estar en la universidad es como estar en una burbuja. Vives el momento sin que nada te importe. Quieres probar nuevas cosas y no reparas en las consecuencias", comenta Fountain al diario Daily Mail. Fountain asegura que el 'vodka eyeballing' es muy común entre los jóvenes de su país, sobre todo en los círculos escolares. Orígenes en la 'tierra del pecado' Se cree que el 'vodka eyeballing' surgió en la ciudad estadunidense de Las Vegas, célebre por las fiestas interminables en sus centros nocturnos, los cuales recurren a estas prácticas para animar a sus clientes. Algunos críticos también culpan a la película "Kevin And Perry Go Large", donde un personaje llamado DJ Eyeball hace alarde de sus ingestas en los clubes de moda. Si alguien busca 'vodka eyeballing' en el popular canal de videos por internet YouTube, encontrará un acervo con más de 800 clips de hombres y mujeres ingiriendo licor por los ojos.
Asesinan a 2 choferes de Autotransportes de Guasave
3.09.2011
Asesinan a 2 choferes de Autotransportes de Guasave
Miercoles 09 de Marzo de 2011 Por Redaccíon/El Diario
Dos de los “viajeros” de pronto se levantaron de sus asientos, sacaron armas y amenazaron a los choferes.
Los operadores de un autobús de la línea Autotransportes de Guasave fueron asesinados por un grupo de delincuentes.
El doble crimen ocurrió aproximadamente a las once de la mañana del día de ayer, en las inmediaciones de la ciudad de Guamúchil, entre La Reforma y Las Brisas.
En la unidad, procedente de Culiacán y con dirección hacia el norte (no se precisó destino), viajaban diez pasajeros.
Fue a la altura del kilómetro 78*500 de la carretera Internacional, donde se empezaron a desencadenar los sangrientos acontecimientos.
En ese punto, dos de los “viajeros” de pronto se levantaron de sus asientos, sacaron armas y amenazaron a los choferes.
Les ordenaron que detuviera la marcha. Casi inmediatamente, llegaron dos camionetas con al menos diez individuos encapuchados y fuertemente armados con rifles y pistolas.
Bajaron a las víctimas ante la azorada mirada de los pasajeros, para luego subirlos a uno de los vehículos y se internaron por una brecha, hasta llegar a un punto situado a unos 700 metros de distancia de la carretera.
Ahí los mataron. Dejaron los cuerpos de sus víctimas abandonados para emprender la escapatoria con rumbo desconocido.
FUENTE: http://www.eldiariodelosmochis.com.mx
Miercoles 09 de Marzo de 2011 Por Redaccíon/El Diario
Dos de los “viajeros” de pronto se levantaron de sus asientos, sacaron armas y amenazaron a los choferes.
Los operadores de un autobús de la línea Autotransportes de Guasave fueron asesinados por un grupo de delincuentes.
El doble crimen ocurrió aproximadamente a las once de la mañana del día de ayer, en las inmediaciones de la ciudad de Guamúchil, entre La Reforma y Las Brisas.
En la unidad, procedente de Culiacán y con dirección hacia el norte (no se precisó destino), viajaban diez pasajeros.
Fue a la altura del kilómetro 78*500 de la carretera Internacional, donde se empezaron a desencadenar los sangrientos acontecimientos.
En ese punto, dos de los “viajeros” de pronto se levantaron de sus asientos, sacaron armas y amenazaron a los choferes.
Les ordenaron que detuviera la marcha. Casi inmediatamente, llegaron dos camionetas con al menos diez individuos encapuchados y fuertemente armados con rifles y pistolas.
Bajaron a las víctimas ante la azorada mirada de los pasajeros, para luego subirlos a uno de los vehículos y se internaron por una brecha, hasta llegar a un punto situado a unos 700 metros de distancia de la carretera.
Ahí los mataron. Dejaron los cuerpos de sus víctimas abandonados para emprender la escapatoria con rumbo desconocido.
FUENTE: http://www.eldiariodelosmochis.com.mx
Historias de los verdugos de la prisión de McAlester
3.05.2011
La pena de muerte es algo que siempre ha fascinado a muchas personas, por lo que recomendamos leer estas historias de los oficiales encargados de acompañar y ejecutar a los prisioneros en la cárcel de McAlester,
“Al día siguiente, nadie habla de ello”
.
Tengo 46 años. Nací en Chicago. Me establecí en Oklahoma con mi mujer. Al llegar, empecé a trabajar como guardia en el centro penitenciario de McAlester. Me quedé 12 años. Hoy soy agente de seguridad en un gran casino y por nada volvería al Big Mac, sobrenombre de la prisión. Participé en quince ejecuciones. Formé parte del strap down team, el equipo encargado de atar al condenado a la mesa de ejecución antes de la inyección letal. El trabajo es sencillo: acompañamos al condenado hasta la mesa y nos encargamos de que se tumbe. Cada uno -somos cuatro o cinco- ata en un minuto una parte del cuerpo: el pecho, un brazo, una pierna o un pie. Cuando el tipo ya no puede moverse, salimos y esperamos. Cuando nos dan la orden, volvemos a entrar y colocamos el cadáver tal cual está, con las agujas en los brazos, las jeringuillas, todo, en una bolsa para cadáveres para que se lo lleven al depósito. Y se acabó. Todo el mundo vuelve a casa. Al día siguiente, nadie habla de ello. Si te han elegido para las ejecuciones es porque han visto que eres fuerte y tranquilo. Si dices que te incomoda, los compañeros se burlarán. Incluso los reclusos se enterarán y dirán: ‘¡Qué pasa gallina, creía que eras un tipo duro!’. Nunca olvidaré las caras de los condenados al atarles. Hemos convivido durante años, hemos compartido cosas, y la noche de la ejecución te miran como diciendo ‘Mierda Dirk, ¿por qué participas en esto?’, y tú contestas: ‘Me han elegido, ahora tienes que tumbarte’. Me acuerdo de un tipo que sufrió un paro cardiaco en su celda. Fui yo quien avisé a los servicios de emergencias. Al volver del hospital me dijo: ‘Gracias, Dirk, me has salvado la vida’. Unas semanas más tarde, le ejecuté. Me parece una locura cuando pienso en ello: le salvé y luego le ejecuté”.
“Un hombre pidió cereales para niños como última comida”
.
“Los días de ejecución, mi trabajo como adjunta del director consistía en supervisar técnicamente el proceso, por ejemplo el transporte de las sustancias mortales hasta la sala. Si ocurría algo fuera de lo habitual, se lo comunicaba al Estado. Como cuando algunas ejecuciones se alargaban. Muchos reclusos eran ex drogadictos cuyas venas estaban dañadas. El equipo no conseguía colocar la aguja correctamente y sobresalía. Volvía a pinchar y volvía a empezar: verlo era terrible. Las familias de las víctimas asistían en silencio a la ejecución y se iban rápidamente. A veces, también estaba la familia del condenado, aunque muchos reclusos les pedían que no asistieran. Recuerdo a una madre que golpeaba el cristal ante su hijo al que estaban ejecutando, llamándonos asesinos. Al final se desmayó. Esa noche estábamos muy afectados. A veces, los abogados también lloraban. A menudo tengo la sensación de haberme vuelto insensible. Un recluso me marcó, un hombre que pidió como última comida unos cereales para niños, con un tazón de leche. El jurado lo declaró culpable, pero siempre pensé que era un retrasado. No tenía familia y parecía feliz. La noche de la ejecución no dijo nada al tumbarse. Solo ‘¡gracias!’, con una sonrisa angelical. Esa noche, por primera vez, lloré volviendo a casa”.
“Mi padre ya ataba a la gente a la silla eléctrica”
.
“Para mí las ejecuciones son casi una historia familiar: cuando era un crío, mi padre ya ataba a la gente a la silla eléctrica. Estoy a favor de la pena de muerte sin remordimientos. Pero no le voy a decir que los 25 tipos que ejecuté eran monstruos. Nosotros, por nuestra parte, hacemos nuestro trabajo con profesionalidad, y en general, todo sale bien. Una vez, sin embargo, me hizo reflexionar un tipo que perdió la cabeza una noche y disparó, sin apuntar, contra la esposa de una personalidad importante de Oklahoma City. El tipo no tenía antecedentes. Era divertido e inteligente, una buena persona a la que todos queríamos. La noche de su ejecución, cuando fuimos a buscarle a su celda, estaba inconsciente: se había tragado todos los comprimidos que había logrado esconder a pesar de los registros. Le llevaron de urgencia al hospital donde le hicieron un lavado de estómago. Cuando recuperó el conocimiento le trajeron de vuelta al centro penitenciario y terminamos lo que teníamos que hacer. La prensa le dio demasiada importancia y confieso que al equipo le afectó mucho. Pero somos funcionarios y aplicamos las leyes. Si te cuestionas las cosas no puedes hacer este trabajo, está claro”.
“Dios no me lo reprochará”
.
“Durante años, mi trabajo consistió en vigilar a los condenados y darles su última comida. Por 15 dólares como máximo pueden pedir lo que quieran. Con los 35 condenados que conocí, siempre traté de mantener la distancia. Una noche, sin embargo, un tipo me pidió que tomara la última comida con él en su celda, lo que está totalmente prohibido. Me lo suplicó y me dijo una cosa extraña: ‘En un rato, cuando esté con Dios, le voy a decir cómo os portáis con nosotros’. No sé por qué, pero acepté. Le quería mucho y habíamos crecido juntos, durante 11 años. Comimos, hablamos de Dios y de nuestras familias, y cuando volví a mi casa, por primera vez me vine abajo: llorando, pedí a Dios que me ayudara y me emborraché. Por aquel entonces bebía bastante para olvidar. Hoy soy policía municipal y sigo atormentado por un montón de pesadillas. Nunca le he hablado de ello ni a mujer ni a mis hijos ni a mis amigos. Moriré con ello, pero sé que solo cumplí con mi deber y Dios no me lo reprochará”.
“En los ojos de los condenados vi un miedo casi animal”
.
“Dirigí durante 10 años al equipo que ata al condenado a la cama de ejecución (strap down team). No es una vocación, pero el centro penitenciario es la principal fuente de empleo de la ciudad y cuando me propusieron que trabajara en las ejecuciones, acepté. Actualmente trabajo en el sector de los equipamientos y lo prefiero. Cuando buscas a un hombre en su celda observas el miedo en sus ojos. Es un miedo muy extraño, nervioso, casi animal, pero resignado. Nunca he visto a uno de esos tipos resistirse. Avanzan despacio por los pasillos y te hablan de cosas raras, del tiempo, del partido de fútbol o te dicen: ‘Layne, la vida va a ser mejor allí arriba’. O bien se alteran y te dicen: ‘¡Eh, Layne! Sabes que va a haber una llamada del gobernador y que no voy a morir esta noche’. Ante la puerta de la sala, a veces sufren temblores, a otros les cuesta respirar e incluso algunos se desploman y hay que cogerles suavemente por debajo de los brazos para llevarles hasta la mesa. Para mí, lo más duro era volver a casa: te despides de tus compañeros, andas por el aparcamiento, es de noche, todo está tranquilo. Te subes a tu coche, arrancas y conduces en silencio. Piensas en lo que acaba de pasar y te parece irreal. Te dices: ‘He hablado con un hombre hace media hora y ahora está muerto’. Llega un punto en el que tienes que dejarlo. Yo esperé 52 ejecuciones. Nunca le he hablado de ello a nadie”.
“Los partidarios de la pena de muerte deberían asistir a las ejecuciones”
.
“Cuando era el director del centro penitenciario de McAlester, me decía: ‘No lo olvides, Ron, trabajas para el Estado de Oklahoma y para la ley’. Siempre he evitado pensar en el lado bueno o en el malo de la pena de muerte: son los tribunales los que juzgan. Los políticos defienden el sistema, nosotros lo aplicamos. Si los partidarios de la pena capital asistiesen a las ejecuciones, quizá tuvieran otra opinión. Es muy fácil sacar pecho diciendo que hace falta que los asesinos sufran más. Siempre he tenido ganas de invitar a esos bocazas a asistir a dos o tres ejecuciones: ir a buscar al tipo a su celda, sujetarle cuando se tambalea, pedirle que diga sus últimas palabras a su madre desconsolada o a su hijo y hacerle una señal al personal para que empiece la inyección. Para las familias de las víctimas seguro que es diferente y respeto su decisión. Como director, una parte de mi trabajo consistía en recibirlas y avisarles: ‘Cuidado, esto quizá no les aporte lo que esperan’. El Estado y los medios de comunicación aseguran que ayuda a decir adiós, que uno se siente más en paz una vez que el tipo ha sido borrado de la faz de la Tierra. Gran parte de lo que he visto hace que lo dude. La paz viene del interior, no del espectáculo de una ejecución. He tratado de ser lo más respetuoso posible con las familias de las víctimas, los condenados y sus familias. Con frecuencia, estos nos decían gracias antes de la inyección. Espero que esto pruebe que les tratamos con dignidad”.
“Al día siguiente, nadie habla de ello”
.
Tengo 46 años. Nací en Chicago. Me establecí en Oklahoma con mi mujer. Al llegar, empecé a trabajar como guardia en el centro penitenciario de McAlester. Me quedé 12 años. Hoy soy agente de seguridad en un gran casino y por nada volvería al Big Mac, sobrenombre de la prisión. Participé en quince ejecuciones. Formé parte del strap down team, el equipo encargado de atar al condenado a la mesa de ejecución antes de la inyección letal. El trabajo es sencillo: acompañamos al condenado hasta la mesa y nos encargamos de que se tumbe. Cada uno -somos cuatro o cinco- ata en un minuto una parte del cuerpo: el pecho, un brazo, una pierna o un pie. Cuando el tipo ya no puede moverse, salimos y esperamos. Cuando nos dan la orden, volvemos a entrar y colocamos el cadáver tal cual está, con las agujas en los brazos, las jeringuillas, todo, en una bolsa para cadáveres para que se lo lleven al depósito. Y se acabó. Todo el mundo vuelve a casa. Al día siguiente, nadie habla de ello. Si te han elegido para las ejecuciones es porque han visto que eres fuerte y tranquilo. Si dices que te incomoda, los compañeros se burlarán. Incluso los reclusos se enterarán y dirán: ‘¡Qué pasa gallina, creía que eras un tipo duro!’. Nunca olvidaré las caras de los condenados al atarles. Hemos convivido durante años, hemos compartido cosas, y la noche de la ejecución te miran como diciendo ‘Mierda Dirk, ¿por qué participas en esto?’, y tú contestas: ‘Me han elegido, ahora tienes que tumbarte’. Me acuerdo de un tipo que sufrió un paro cardiaco en su celda. Fui yo quien avisé a los servicios de emergencias. Al volver del hospital me dijo: ‘Gracias, Dirk, me has salvado la vida’. Unas semanas más tarde, le ejecuté. Me parece una locura cuando pienso en ello: le salvé y luego le ejecuté”.
“Un hombre pidió cereales para niños como última comida”
.
“Los días de ejecución, mi trabajo como adjunta del director consistía en supervisar técnicamente el proceso, por ejemplo el transporte de las sustancias mortales hasta la sala. Si ocurría algo fuera de lo habitual, se lo comunicaba al Estado. Como cuando algunas ejecuciones se alargaban. Muchos reclusos eran ex drogadictos cuyas venas estaban dañadas. El equipo no conseguía colocar la aguja correctamente y sobresalía. Volvía a pinchar y volvía a empezar: verlo era terrible. Las familias de las víctimas asistían en silencio a la ejecución y se iban rápidamente. A veces, también estaba la familia del condenado, aunque muchos reclusos les pedían que no asistieran. Recuerdo a una madre que golpeaba el cristal ante su hijo al que estaban ejecutando, llamándonos asesinos. Al final se desmayó. Esa noche estábamos muy afectados. A veces, los abogados también lloraban. A menudo tengo la sensación de haberme vuelto insensible. Un recluso me marcó, un hombre que pidió como última comida unos cereales para niños, con un tazón de leche. El jurado lo declaró culpable, pero siempre pensé que era un retrasado. No tenía familia y parecía feliz. La noche de la ejecución no dijo nada al tumbarse. Solo ‘¡gracias!’, con una sonrisa angelical. Esa noche, por primera vez, lloré volviendo a casa”.
“Mi padre ya ataba a la gente a la silla eléctrica”
.
“Para mí las ejecuciones son casi una historia familiar: cuando era un crío, mi padre ya ataba a la gente a la silla eléctrica. Estoy a favor de la pena de muerte sin remordimientos. Pero no le voy a decir que los 25 tipos que ejecuté eran monstruos. Nosotros, por nuestra parte, hacemos nuestro trabajo con profesionalidad, y en general, todo sale bien. Una vez, sin embargo, me hizo reflexionar un tipo que perdió la cabeza una noche y disparó, sin apuntar, contra la esposa de una personalidad importante de Oklahoma City. El tipo no tenía antecedentes. Era divertido e inteligente, una buena persona a la que todos queríamos. La noche de su ejecución, cuando fuimos a buscarle a su celda, estaba inconsciente: se había tragado todos los comprimidos que había logrado esconder a pesar de los registros. Le llevaron de urgencia al hospital donde le hicieron un lavado de estómago. Cuando recuperó el conocimiento le trajeron de vuelta al centro penitenciario y terminamos lo que teníamos que hacer. La prensa le dio demasiada importancia y confieso que al equipo le afectó mucho. Pero somos funcionarios y aplicamos las leyes. Si te cuestionas las cosas no puedes hacer este trabajo, está claro”.
“Dios no me lo reprochará”
.
“Durante años, mi trabajo consistió en vigilar a los condenados y darles su última comida. Por 15 dólares como máximo pueden pedir lo que quieran. Con los 35 condenados que conocí, siempre traté de mantener la distancia. Una noche, sin embargo, un tipo me pidió que tomara la última comida con él en su celda, lo que está totalmente prohibido. Me lo suplicó y me dijo una cosa extraña: ‘En un rato, cuando esté con Dios, le voy a decir cómo os portáis con nosotros’. No sé por qué, pero acepté. Le quería mucho y habíamos crecido juntos, durante 11 años. Comimos, hablamos de Dios y de nuestras familias, y cuando volví a mi casa, por primera vez me vine abajo: llorando, pedí a Dios que me ayudara y me emborraché. Por aquel entonces bebía bastante para olvidar. Hoy soy policía municipal y sigo atormentado por un montón de pesadillas. Nunca le he hablado de ello ni a mujer ni a mis hijos ni a mis amigos. Moriré con ello, pero sé que solo cumplí con mi deber y Dios no me lo reprochará”.
“En los ojos de los condenados vi un miedo casi animal”
.
“Dirigí durante 10 años al equipo que ata al condenado a la cama de ejecución (strap down team). No es una vocación, pero el centro penitenciario es la principal fuente de empleo de la ciudad y cuando me propusieron que trabajara en las ejecuciones, acepté. Actualmente trabajo en el sector de los equipamientos y lo prefiero. Cuando buscas a un hombre en su celda observas el miedo en sus ojos. Es un miedo muy extraño, nervioso, casi animal, pero resignado. Nunca he visto a uno de esos tipos resistirse. Avanzan despacio por los pasillos y te hablan de cosas raras, del tiempo, del partido de fútbol o te dicen: ‘Layne, la vida va a ser mejor allí arriba’. O bien se alteran y te dicen: ‘¡Eh, Layne! Sabes que va a haber una llamada del gobernador y que no voy a morir esta noche’. Ante la puerta de la sala, a veces sufren temblores, a otros les cuesta respirar e incluso algunos se desploman y hay que cogerles suavemente por debajo de los brazos para llevarles hasta la mesa. Para mí, lo más duro era volver a casa: te despides de tus compañeros, andas por el aparcamiento, es de noche, todo está tranquilo. Te subes a tu coche, arrancas y conduces en silencio. Piensas en lo que acaba de pasar y te parece irreal. Te dices: ‘He hablado con un hombre hace media hora y ahora está muerto’. Llega un punto en el que tienes que dejarlo. Yo esperé 52 ejecuciones. Nunca le he hablado de ello a nadie”.
“Los partidarios de la pena de muerte deberían asistir a las ejecuciones”
.
“Cuando era el director del centro penitenciario de McAlester, me decía: ‘No lo olvides, Ron, trabajas para el Estado de Oklahoma y para la ley’. Siempre he evitado pensar en el lado bueno o en el malo de la pena de muerte: son los tribunales los que juzgan. Los políticos defienden el sistema, nosotros lo aplicamos. Si los partidarios de la pena capital asistiesen a las ejecuciones, quizá tuvieran otra opinión. Es muy fácil sacar pecho diciendo que hace falta que los asesinos sufran más. Siempre he tenido ganas de invitar a esos bocazas a asistir a dos o tres ejecuciones: ir a buscar al tipo a su celda, sujetarle cuando se tambalea, pedirle que diga sus últimas palabras a su madre desconsolada o a su hijo y hacerle una señal al personal para que empiece la inyección. Para las familias de las víctimas seguro que es diferente y respeto su decisión. Como director, una parte de mi trabajo consistía en recibirlas y avisarles: ‘Cuidado, esto quizá no les aporte lo que esperan’. El Estado y los medios de comunicación aseguran que ayuda a decir adiós, que uno se siente más en paz una vez que el tipo ha sido borrado de la faz de la Tierra. Gran parte de lo que he visto hace que lo dude. La paz viene del interior, no del espectáculo de una ejecución. He tratado de ser lo más respetuoso posible con las familias de las víctimas, los condenados y sus familias. Con frecuencia, estos nos decían gracias antes de la inyección. Espero que esto pruebe que les tratamos con dignidad”.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Visitante Numero... Y Contando
Nuestra Radio En Linea
Top De Entradas
-
Luis estrada (director La Ley de Herodes) presenta la película El Infierno una pelicula mexicana que presenta una cruda realidad de una part...
-
Actualmente se puede apreciar en todo el mundo representantes o seguidores de la cultura emo, una subcultura que surgió en los Estados Unid...
-
Aunque en la red puedes encontrar varios sitios donde te hyabklan de el narco en Mexico, el día de hoy, El Blog del Narco , ha generado polé...
-
Melati Suryodarmo (nacido en 1969 en Surakarta, Indonesia, vive y trabaja en Braunschweig, Alemania) performes EXERGIE-Mantequilla danza, un...
-
Asesinan a 2 choferes de Autotransportes de Guasave Miercoles 09 de Marzo de 2011 Por Redaccíon/El Diario Dos de los “viajeros” de pronto se...
-
Andando por la red me encontré con este articulo, espero lo disfruten y saquen el mayor provecho posible. Es hora de que comiences a experim...
-
MAZATLÁN._ Entusiasmados por compartir lo que aprendieron acerca del reciclaje de pilas, los alumnos del Jardín de Niños Bertha Von Gloumer,...
-
Estaba un poco fuera de linea es por eso que no habia actualizado este blog, y ademas tampoco lo habia actualizado, hoy estamos de regre...
-
CONCORDIA._ A través de obras de teatro y de microdramas, Prevén Arte está llevando a cabo actividades de prevención a alumnos de la Prepara...